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“La Letra con sangre entra”

Cada día nos asomamos con envidia y admiración a las noticias que los periódicos nos traen de otros países, en los que por cuestiones que aquí consideraríamos nimias, los representantes políticos dimiten de sus cargos con total dignidad y normalidad.
Ayer era Carla Miller, Ministra de Cultura del Gobierno de Cameron (UK) por una cuestión en la que se discute sobre el excesivo acceso a unas ayudas para el pago de la vivienda en Londres como diputada, y en la que, además viven sus padres.
Pero hemos asistido a numerosas dimisiones en todos los países* por cuestiones principalmente éticas, y que en ningún caso, pueden suponer la apertura de un procedimiento penal. En España es impensable que por estas cuestiones un político abandone voluntariamente su puesto, pero, aún más grave, ni siquiera cuando es imputado por un delito.
Según El País, en noticia de enero de 2013, aproximadamente 300 políticos están imputados en España. Imputados por un delito, es decir, que son sospechosos de tener algún grado de participación en asuntos que van más allá de un “momento de debilidad” o una “quiebra ética”. Sin perjuicio de que tienen derecho a la presunción de inocencia, la pérdida de su prestigio moral, aún sin ser responsables directos de esas acciones reprobables, debería dar lugar a su renuncia al cargo. Sin embargo, solo se produce esta dimisión cuando pierden el apoyo del partido y se hace insoportable para ellos su presión. La de los ciudadanos no les afecta.
Y todavía se preguntan los políticos que tienen que hacer para mejorar su imagen y recuperar la confianza de los ciudadanos.
En general, hay un argumento que los políticos utilizan para justificar su actitud: el mandato. Ellos han sido elegidos por los ciudadanos, y los jueces con su imputación, no pueden modificar el “santo mandato del pueblo”. Y en algún modo es cierto, porque nuestra Constitución (art.68 y 69) establece sin más, de forma taxativa el mandato de diputados y senadores para cuatro años. Además, en la mayoría de los casos el partido cierra filas y ya se puede preparar el juez para recibir los ataques desde diferentes direcciones.
Ya que nuestros políticos valoran tanto el mandato de los ciudadanos, parece lícito reclamar un procedimiento para que los representados podamos modificar este mandato y no tener que esperar a que el político en cuestión sea retirado, o no, de las listas para las siguientes elecciones.
Además de la Expulsión por el propio Congreso, en Estados Unidos (Congreso Federal y 18 Estados) existe un procedimiento denominado “representative recall”, muy usado en el ámbito local, en virtud del cual, los ciudadanos de una circunscripción pueden retirar la confianza a uno de sus políticos y hacer revocar su acta de congresista o diputado, o el mandato de que se trate. Para ello, se establece la necesidad de un alto porcentaje de firmas que han de ser recogidas para hacer efectiva esta retirada. Otros países como Suiza o Cánada también recogen formas de “representative recall”.
Naturalmente, es necesario presentar una propuesta estudiada y analizada para evitar las venganzas políticas o la instrumentalización del adversario.
Sería muy interesante y muy efectiva la inclusión de esta posibilidad en nuestra Constitución, y que después se incluyera en todos los Estatutos de Autonomía y en la Legislación local para el caso de políticos imputados por asuntos relacionados con el cargo que desempeñan. Esta opción de manifestar el absoluto rechazo de los ciudadanos por la conducta de políticos concretos, serviría para que aquel que quiera evitarla dimita y recupere el “sentido del honor” perdido.
En el año 2018 nuestra Constitución cumplirá los 40 años. Podría ser el momento para adoptar determinadas reformas que eleven el rigor democrático de nuestras instituciones. Por ejemplo, eliminar figuras como los aforamientos ante el Tribunal Supremo, e incorporar todas aquellas medidas, como la “representative recall”, que nos hagan ganar confianza en la clase política.

 

 

*NOTA:En Europa, las sospechas de una actuación cuestionable son más que suficientes para llevar a un político a la dimisión. :1.Laila Freivalds, ministra sueca de Exteriores, en 2006 tras revelarse que estaba al corriente de las presiones ejercidas por su departamento para cerrar una web de extrema derecha que había publicado viñetas sobre Mahoma. 2.Ives Leterme, primer ministro belga al no poder alcanzar un acuerdo con la oposición.3. Rumen Petkov, abril de 2008, ministro del Interior de Bulgaria, al conocerse que se reunió con empresarios investigados por corrupción.4.Yves Leterme, primer ministro belga, en 2008 al fracasar las negociaciones entre los partidos flamencos y francófonos para una nueva descentralización en Bélgica.5. Bélgica en 2008, se producía la dimisión en bloque del Gobierno.Un informe del Tribunal de Casación que evidenciaba presiones del Ejecutivo al Tribunal de Apelación para evitar un fallo desfavorable en el caso de la división y venta de Fortis, el primer grupo bancario y asegurador de Bélgica.6. Soren Gade, ministro danés de defensa, en 2010 al no poder soportar la presión ciudadana. La prensa había publicado que uno de sus subordinados, el portavoz Jaco Winther, había divulgado información confidencial sobre las tropas de elite danesas en Irak. 7. Michellet Alliot-Marie, Ministra de Asuntos Exteriores francesa al aceptar unas vacaciones en Túnez de un empresario cercano a  Ben Alí.8. Karl Theodor zu Guttenberg, ministro de Defensa alemán por plagio de su tesis doctoral.9.Pavlos Geroulanos, ministro de Cultura griego en 2012  tras el robo de 60 piezas de cerámica antigua del Museo de Olimpia por parte de unos encapuchados. aprovechándose del cambio de guardia.10. Chris Huhne,Eministro británico de Energía, por intentar ocultar una multa de tráfico de 2003. Había pedido a su mujer que asumiese la sanción en su lugar para evitar que le retirasen el carnet.11.En España, Mariano Fernández Bermejo,abandonó el cargo tras divulgarse una foto en la que aparecía cazando junto al juez Baltasar Garzón, instructor del caso Gürtel, cuando la investigación sobre esta trama corrupta que afectaba al partido de la oposición ya había comenzado. “.12.Bozhidar Nanev, marzo de 2010, ministro de Salud de Bulgaria, dimitió tras ser acusado de firmar dos contratos de suministro del fármaco Tamiflu que habría ocasionados pérdidas al Estado de más de un millón de euros. España, siendo ministra de Sanidad la socialista Trinidad Jiménez, también acumuló Tamiflu que finalmente no se usó, pero no hubo ninguna consecuencia.

 

 

 

 

 

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